El pianista ciego Esteban Torres Cobo

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Visitar Cuenca siempre ha sido un placer. Hoy, con lo bella que está, recorrerla resulta un privilegio.
Más aún cuando personas interesantes se juntan a discutir ideas de innovación y emprendimiento. Hace pocos días estuve ahí en el evento TEDx que organizaron varios jóvenes cuencanos y en el que me reencontré con grandes amigos.
La conferencia más emotiva fue, sin duda, la de Fernando Apan. Mexicano y pianista profesional, Fernando habló sobre el poder transformador de la música, un testimonio del cual es protagonista estelar. Él tiene una particularidad (porque en su caso no se la puede considerar una discapacidad): no ve, es ciego de nacimiento.

Y lejos de sentirse en desventaja, la ha transformado en una fortaleza impactante y arrolladora. Frente a él, cualquier persona vidente se siente disminuida. No sólo interpreta magistralmente a Chopin, Rachmaninov, Beethoven o Debussy, sino que compone y traduce partituras al lenguaje braille y cuenta con una biblioteca que reúne más de 400 piezas de este tipo.

A pesar de tener sólo 23 años, ya ha dictado conferencias en Estados Unidos y Europa y, en poco tiempo, se ha convertido en un referente de excelencia y talento. Lo conocí el 2012 en una beca que nos llevó a recorrer gran parte de España, sus fascinantes ciudades y también sus pueblos rurales. Fue justamente allí donde presencié la fortaleza interior que lo arropa, superior a la de cualquier otro individuo de su edad. Durante días recorrimos las montañas de la bellísima Cantabria y se enfrentó a condiciones extremas, subiendo pampas y saltado zanjas. Imposibilitado de usar su bastón blanco, tuvo que guiarse mediante una vara horizontal sostenida en los extremos por dos compañeros, él en el medio.
Así, recorrió kilómetros conducido únicamente por el mensaje que le transmitía aquella vara. Fue una prueba durísima que demostró la magnitud de su talante recio. Y de la férrea educación que le dieron sus padres, sin privilegios o concesiones, igual a la de todos los demás. Trabajo duro, pasión y disciplina lo convirtieron en lo que es hoy.
 –¿Te gustaría ver? Le preguntan siempre. Y él responde que no. Que la vista le quitaría lo que hoy tiene a través del oído: un mundo mágico en el cual percibe sonidos que los videntes jamás escucharemos. Para él, poder ver sería como que a nosotros nos quitaran la vista.
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