Por qué si pueden llegar – Esteban Torres

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Desde que llegaron al Parlamento Europeo, algo me decía que no serían un proyecto efímero de cinco capitostes.

Los vi solventes intelectualmente, con manejo perspicaz de la historia (o manipulación de la misma) y buenos, realmente buenos en la dialéctica política, incluso en la más caliente: la televisiva.

Sin embargo, sus contrincantes no los veían así. Los despreciaban y a todo trance evitaban salir de su zona de confort. Lo comprobé este año cuando conversé en Madrid con un diputado del Partido Popular que, como todo sus colegas, veía a Podemos y a Pablo Iglesias como melenudos principiantes políticos sin posibilidades de torcer las entrañas de los fuertes partidos.

Craso error. Podemos tiene altas posibilidades de tomar el gobierno español en un futuro no tan lejano (ya lo dicen las encuestas). Probablemente necesitarán de una alianza para lograrlo, pero seguro será una bajo sus términos e ideas. Además, tienen la ventaja del que empieza: habla bonito pero nunca ha sido probado. Hoy no gobiernan un municipio y ya son los retadores.

Y aquí no pretendo analizar sus ideas o su asqueroso pasado chavista, que por supuesto aborrezco y cuestiono por mi formación liberal, únicamente evalúo sus posibilidades de convertirse en gobierno que, déjenme decirles queridos amigos, son cada día mayores por lo que pasa en España.

Es que pónganse ustedes en los zapatos de un español. Debe ser indignante ver que la clase política de “los funcionarios” (como bien les llama Manuel Ventoso) se inmiscuye en negocios corruptos sin el menor ápice de respeto por sus ciudadanos. Usted les vota, y ellos se dedican a robar. Son caraduras, mercenarios exprés con título de sinvergüenzas. Hay políticos decentes, por supuesto, pero o son desconocidos o son lentos y están viejos. Peor aún, ninguno es tan dinámico como Podemos.

Luego viene el desahucio de la anciana Carmen que nos mortifica y entristece a todos (y que por el ambiente nos hace olvidar que tal vez sí tuvo fundamento) o la reunión de emperifollados empresarios despotricando contra los nuevos políticos. Son imágenes que catalizan el desasosiego. Y las imágenes, señores, mueven votos. Y los votos eligen presidentes.

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