¿CONFISCACIÓN DE HERENCIAS? Esteban Torres Cobo

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Sorprende el último anuncio presidencial sobre lo que será el futuro impuesto a las herencias, legados y donaciones en el Ecuador.

No porque sea nuevo (con tantos nuevos impuestos ya hemos perdido la capacidad de asombro) sino porque envía un mensaje negativo y peligroso en momentos delicados de nuestra economía.

Hay una cifra contundente que resalta cuando se ve la tabla de cálculo: 77,5%. Sí, ya hemos llegado en el país a un impuesto que se llevará, para el Estado, el 77,5% de la riqueza de algún ecuatoriano. Algo insólito, entiendo, desde que empezó nuestra vida republicana en 1830.

Y muchos dirán , con toda razón, que ese monto no les tocará pagar nunca y que no importa porque solo lo pagarán los megaricos, los que reciban algo superior a los USD 849.000.

Que ellos estarán en el rango del 2,5%, del 7,5% o, a lo mucho, en el del 17,5%. ¡Pero se olvidan que en nuestra legislación ya estarán plasmados impuestos del 32,5%, del 52,5% y del 77,5%! Y eso es peligroso. Más aún de un impuesto que, por lógica económica, nunca debió existir.

Otro gran economista de la misma escuela, George Reisman, fue más allá y explicó, con su propia historia, cómo a él que es un profesor universitario sin grandes recursos, le beneficia que la riqueza de los que más ricos y de cualquier otra persona con algo de dinero –heredada o ganada desde cero– se quede en esas manos y no pase al Estado en forma de impuestos.  Ludwig von Mises, el gran economista de la Escuela Austríaca de Economía, dijo que el sistema discriminatorio de tributación, universalmente aceptado bajo el engañoso nombre de impuestos progresivos al ingreso y a la herencia, no es un modo de tribulación sino, por el contrario, un modo disfrazado de expropiación.

Él, como alguien que gana un módico salario mensual dictando clases, compra productos y vende su trabajo.

La oferta de productos que compra y la demanda por su trabajo como profesor depende del monto de capital que se haya invertido en la sociedad donde vive.

Mientras más capital haya invertido, más bienes serán producidos y a mejor precio (él ganará). Al mismo tiempo, mayor será la demanda por sus servicios y podrá obtener un mejor sueldo (también ganará).

Eso significa—en sus palabras—que un impuesto a la herencia le perjudica porque hace que desaparezca en gasto estatal dinero que bien podría usarse para hacer inversiones de capital en su propio y cercano entorno.

Les pregunto, además ¿qué mensaje se manda a la inversión privada? ¿Quién puede encontrar atractivo al Ecuador para generar riqueza cuando, entre otros impuesto, hay uno que grita 77,5%?

 

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