ACABAR CON LAS EMPRESAS FAMILIARES – ESTEBAN TORRES

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Normalmente no escribo dos veces sobre un mismo asunto en ésta columna dominical.

Pretendo, por salud mental y respeto a los que me leen, tratar varios temas y no caer siempre en las vicisitudes políticas que dominan nuestro entorno.

Pero en el Ecuador del 2015 cada día esto es más complicado. La política inunda nuestras conversaciones y cada vez destinamos más tiempo a resolver los problemas y las trabas que nos impone el gobierno.

Esta semana ha sido una frase lapidaria la que me ha dado las vueltas (y a todos los ecuatorianos, estoy seguro): “80% de las empresas tienen estructura familiar. Ellos quieren mantener eso; nosotros queremos acabar con eso”. Lapidaria. Contundente. Reveladora.

No la dijo Trosky ni Mao, sino el máximo representante del Estado ecuatoriano. Es la justificación, según ellos, para el nuevo proyecto de “Ley Orgánica para la Redistribución de la Riqueza” recientemente enviado por el Ejecutivo a la Asamblea Nacional.

Un proyecto que, como señalé en un artículo previo, es confiscatorio de herencias, legados, donaciones e incluso de beneficios en la transferencia de propiedades por un potenciado impuesto a la plusvalía (aunque al parecer esto lo han sacado y lo empaquetarán en otro proyecto).

Pero no voy a comentar aquí sus implicaciones económicas en las familias ecuatorianas (hoy incluso mal vistas por hacer empresa y producir riqueza) sino sus implicaciones políticas.

Éste proyecto de ley y éstas declaraciones sólo descubren lo que algunos sí previeron el 2006 y el 2007: las características controladoras, invasivas y abusivas de el proyecto político de Alianza País. Hoy ya se les han caído todas las caretas; sabemos hacia donde vamos con éste timón.

No importa que hayan reculado para amortiguar sus intenciones confiscatorias o que hayan sacado temas sensibles del proyecto para luego incluirlos en la Ley de Tierras o en otro lado: se han descubierto.

Y que nos nos metan el cuento de la redistribución de la riqueza de los millonarios, ¡esto lo hacen con fines recaudatorios! Están desesperados y por eso “raspan la olla” a cualquier precio. Al final, los que pagamos somos todos.

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