PATRIOTISMO EN LAS CALLES – ESTEBAN TORRES

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Yo no sé si con tantas reformas educativas en las escuelas y en los colegios todavía se enseña la clase de “Cívica”.

En mi tiempo teníamos esa clase, cuanto todavía le llamábamos “Primer Curso” o “Segundo Curso” a lo que hoy llaman décimo o décimos ni se qué (¡que tiempos más feos los de ahora!).

No era muy divertida pero había que aprobarla como cualquier otra. Y reconozcámoslo, no era complicado sacar una buena nota.

Parte de la materia involucraba el conocimiento del Himno a la República del Ecuador, de la bandera, del escudo y algo de historia sobre guerras e independencias, aunque esto ya era parte de otra asignatura.

Era algo que, claro, no parecía de suma importancia para la vida práctica y que más bien se empleaba únicamente en ciertos actos protocolarios. El Himno lo aprendimos de memoria y la imagen de la bandera con su escudo la dejamos en nuestro baúl mental de las reliquias caducas.

Pero en ciertos momentos nos damos cuenta que ese himno y esa bandera se encuentran en las fibras más internas de nuestro espíritu.

Que no las hemos pasado por alto y que nos recuerdan ese gran amor que tenemos por nuestra patria, por nuestro país.

No se trata de burdos nacionalismos que piden cerrar las fronteras, condenar al extranjero y consumir sólo lo nacional. No. Se trata de algo superior e insospechado; se trata de amor genuino por sentirse ecuatoriano.

El pasado miercoles en la avenida Shyris vi eso. Vi entonar a jóvenes y a viejos que no se conocían, juntos y solemnes, el Himno de la República.

Lo sentían de verdad, cómo nunca lo sintieron cuando lo coreaban en el colegio y como pocas veces lo sienten cuando la selección de fútbol juega. Fue emocionante y erizó la piel.

No es algo que se vea todos los días sino, por el contrario, pocas veces en la historia. Se ve cuando un ciudadano se siente amenazado y cuando cree que su República y su libertad se le van de las manos.

 

Cuando sus líderes han traspasado los límites, han caído en el abuso y un “basta” es justo y necesario.

Cuando frente a falsos y deformados símbolos e ídolos es fundamental reafirmar los verdaderos.

Cuando es una obligación mostrar que una bandera verde no vale nada frente a la tricolor y que hay ciudadanos libres, conscientes y pensantes, que no se dejan ni se dejarán pisar jamás.

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