CONFRONTACIÓN A LA CARTA – ESTEBAN TORRES

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Por diversas razones, he estado presente en todos los discursos presidenciales que se han dado en la Asamblea Nacional desde el 2013.

En el último, que fue el pasado 24 de mayo y en el cual se anunciaron los polémicos impuestos a la herencia y a la plusvalía, también estuve.

Vale decir que fui el único individuo de la oposición que se quedó en el hemiciclo legislativo en la segunda parte de la intervención del Presidente.

En la primera estuvieron otros miembros pero, cuando ésta se cortó para que hablaran algunos ministros de Estado, todos se salieron con razón—no los culpo— y me quedé completamente solo mientras los oficialistas coreaban exaltados el famoso cántico chavista “!Alerta! ¡Alerta que camina!” y demás consignas que suelen amenizar sus eventos.

No es que esto represente mérito alguno o que me interese una condecoración por mi martirio a lo San Esteban, sino que me permite confirmar la importancia de esa segunda parte del discurso donde, precisamente, se mencionaron los confiscatorios impuestos.

Los Informes a la Nación que rinde el Presidente no son discursos improvisados. Se preparan con mucha antelación y su mensaje es quizás más importante que cualquier otro porque marca la pauta del accionar gubernamental.

Esencialmente, ciertos discursos de éste gobierno han delineado un compás interesante: cambio radical de las estructuras (2007); profundización del cambio (2009); realización de obra pública sin precedentes (2013); potenciación de la matriz productiva (2014); y, por último, confrontación y rompimiento de brechas entre ricos y pobres (2015).

No hubo improvisación entonces en todo el revuelo de los impuestos a la herencia y a la plusvalía.

Quizás no se esperaron una reacción tan grande como la que ha tenido hasta ahora el pueblo en las calles (y en su contra, además), pero la intención era, evidentemente, calentar la discusión política para devolverle esa base radical al gobierno y permitirle construir un escenario efectivo de cara al 2017.

Claro, todo les salió mal y la comunicación les falló estrepitosamente, pero no esperemos que el gobierno recule y abandone el discurso de pelea. Si logran apaciguar las marchas, mantendrán la confrontación por necesidad política. Lo han planificado.

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