EL BULLDOG Y LA GUERRA – ESTEBAN TORRES

Sir_Winston_S_Churchill

Aunque popular, la creencia de que las masas humanas generan cambios en la historia es errada.

Absolutamente errada. Son los individuos, con sus fuerzas internas y sus ambiciones personales, los que mueven el curso de la historia.

Que luego se les sumen más individuos es diferente pero, por sí misma, la masa o el ´pueblo´ no cambia nada.

Me he encontrado con uno de esos episodios en la magnífica y prolífica disección del gran Winston Churchill que hace Boris Jonhson en el libro “El Factor Churchill”.

El actual Alcalde de Londres -también exitoso en el periodismo- rememora la fuerza solitaria del viejo “bulldog” inglés, contra todos y contra todo, en la Segunda Guerra Mundial.

Corría el año 1940 y los ingleses se debatían entre la vida o la muerte. El poderío militar de Hitler arrasaba Europa -los franceses ya habían caído- y solo faltaba Inglaterra en la colección personal del Führer para atacar su verdadero objetivo desde el principio: Rusia.

Para Inglaterra y para futuro del mundo sólo bastaba una decisión impostergable: pelear contra Alemania o aceptar la mediación italiana y, finalmente, buscar un acuerdo con Hitler para que no mueran más ingleses.

Inglaterra estaba sola en el mundo, y los norteamericanos todavía no entraban a la guerra, aislados por su sinsabor de tantas vidas perdidas en la Primera Guerra Mundial.

La decisión se tomó en un salón del Parlamento Británico y la tomó un sólo hombre, contra toda la clase política de su país, e incluso, contra lo que la mayoría de ciudadanos creía.

Estaba sentado con Halifax, Chamberlain, Sinclair, Attlee y Greenwood, los mayores líderes del oficialismo y la oposición del momento, y todos le aconsejaban que se acepte la mediación, que no había otra opción razonable.

El resto de la historia la conocen ustedes; se derrotó al mal con el dinero de los norteamericanos y con los soldados de los rusos pero, fundamentalmente, con el carácter de un solo hombre: Winston Churchill.Pero Churchill, hábil y visionario como pocos, tomó la decisión de pelear y para convencer a su gabinete -que tampoco quería la guerra- dijo que si la historia de la isla iba a terminar ahí, que terminara con todos en el suelo ahogándose en su propia sangre, pero nunca como un Estado esclavo del nazismo.

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