WHATSAPP PARA BIÓGRAFOS – ESTEBAN TORRES

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Hay un recurso vital en el trabajo de historiadores y biógrafos: la correspondencia personal de sus sujetos investigados.

Es que quizás la forma cómo éstos se comunicaron, cómo lo hicieron y qué detalles incluyeron son más importantes que cualquier otro medio para entender y comprender a un individuo.

Revise usted cualquier biografía y encontrará detalles e incluso fotos de cartas escritas por personalidades, desde la Reina de Inglaterra dando recetas de cocina al presidente Eisenhower hasta un Fidel Castro de catorce años saludando y pidiendo un billete de diez dólares al presidente americano Franklin Roosevelt.
El problema es que en estos días hablamos y nos comunicamos sin que quede mucho rastro (y formalidad) de lo que dijimos. Hoy todo ha cambiado, la carta escrita ha perdido vigencia y lo electrónico domina nuestro espectro comunicativo.

Además, salvo que usted sea el FBI y su investigado sea Hillary Clinton, el correo electrónico no es atractivo como una carta redactada con puño y letra.

Me atrevo a decir -aunque suene troglodita y anticuado- que en cierta medida hemos deformado nuestra forma de comunicación.

Sólo póngase en los zapatos de un biógrafo en pleno siglo XXI. Usted es el investigado y el perdido historiador encargado de escribir sobre usted quiere conocerlo a fondo a través de sus más íntimas notas.

Se trata de un experto en la materia que ha conseguido acceso directo a todas sus pertenencias para evaluarlas y construir su investigación. Sin embargo, y para su asombro, no encuentra más que dos cartas redactadas a mano cuando usted estaba en la primaria.

Lo que si encuentra es su celular con abundantes ese-eme-esesy chats de WhatsApp. Eso es todo. No hay más.

¿Qué dirá la biografía? “En sus comunicaciones personales, Sultán Fulanito era austero, de pocas palabras y de muchosemoticones. Pertenecía a dieciocho chats en WhatsApp y a cuarenta y dos grupos en Facebook.

Se comunicaba con su familia y con sus amigos con poco cuidado por la ortografía y prefiriendo las letras a las palabras completas. Era un maestro en el uso de la ‘k’, del ‘Ok’ y de la ‘x’ y nunca dejaba sin responder un mensaje: el doble visto azul no era parte de su caché caballeresco.”

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