EL DEBATE – ESTEBAN TORRES

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Contrario a lo que he leído en medios y la cantidad de reacciones en redes sociales, a mí sí me gustó el “Debate Económico“.

Sé que a la mayoría le molestó el formato prefabricado para favorecer al presidente -y los entiendo- pero, ¿qué esperaban? ¿que se autoflagele en un paredón para gusto de los televidentes?

Creo, incluso, que debemos rescatar el hecho de que un presidente en funciones se siente a debatir con opositores -al menos dos muy frontales en sus tesis económicas- en señal abierta. Eso hay que reconocerlo.

Es que, vamos, se puede criticar a Correa por ser intransigente con la crítica y hasta un poco fanático de la opinión única, pero tampoco vemos a muchos presidentes debatiendo en periodos no electorales en televisión nacional. Eso fue un mérito de su parte.

Ahora bien, la prefabricación del escenario se destruyó en gran parte gracias a las contundentes intervenciones de Dahik y Pozo.

El primero se destacó por su dominio de la economía y afamada habilidad para explicar complejidades con ejemplos accesibles a todos y, el segundo, también por su amplio conocimiento de la materia  -todavía fresco para nosotros, además, por su excelente desempeño como ministro hace más de una década.

Lo de Ramiro González fue diferente.

Evidenció no estar a la altura de Dahik, Pozo o Correa en economía pero decidió, hábilmente, atacar al presidente por el lado político y no le fue mal.

Su clara y reciente cercanía con él permitió que le cuestione y le provoque como lo hace un ex pana, algo más difícil para los otros invitados.

¿Las conclusiones? No tan esperanzadoras ni tan felices… Lamentablemente estamos en crisis y, como dijo Dahik, si no se corrige el rumbo de la nave rápidamente nos estrellaremos. ¿Recapacitarán los pilotos? Esa es la gran pregunta.

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