EL AÑO MÁS DURO – ESTEBAN TORRES

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Es natural que luego de lo de Macri en Argentina y lo de la oposición en Venezuela pensemos que Ecuador irá por un camino similar.

Somos presas fáciles de los ejemplos simples, admitámoslo, y creemos que porque Maduro está acorralado o porque el kirchnerismo dejó el poder una ola de cambio librará por fin a Latinoamérica del nefasto socialismo del siglo XXI. El escenario, sin embargo, es incierto.

Veamos lo que pasó con las enmiendas. Lo que en teoría iba a ser el punto más delicado para el oficialismo luego de las elecciones del 2014 no levantó el interés ciudadano que se esperaba.

Según algunas encuestas, menos del treinta por ciento de la población realmente entendió lo que significaban y le dio algo de importancia a su desenlace.

Estoy seguro de que más interesados tuvo el caso judicial del expresidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol que una mayoría de ‘vivos’ cambiando la Constitución sin consulta popular.

Las prioridades están en otro lado -y el gobierno lo sabe. Están en los padres y madres de familia que no saben si habrá dinero mañana para pagar la comida de sus hijos y los gastos de la escuela. O en aquellos que no saben si el próximo mes serán despedidos.

Por eso, sólo un reto tiene que superar el gobierno si no quiere desplomarse como los chavistas venezolanos: mantener a flote la economía hasta febrero del 2017, cuando vayamos a las urnas nuevamente.

Si lo consigue tendrá posibilidades de participar con éxito pero, si no lo logra, no sólo que se irá para no volver sino que quemará su fusible más valioso: la popularidad del presidente Correa. Y ese activo es crucial (hasta Cristina Fernández se ha ido con su 50% de popularidad intacto).

 

¿Lograrán mantener el bote sin hundirlo? Esa es la gran pregunta.

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