LIBROS Y MIEMBROS IMPERIALES – ESTEBAN TORRES

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Podríamos creer que en un mundo con tanto teléfono inteligente y wasap las oportunidades para los libros (esos viejos rectángulos con hojas que leían nuestros abuelos) están desapareciendo.

Que algún día serán solo recuerdos y que en pocos años únicamente necesitaremos de las odiosas pantallas brillantes de teléfonos y tabletas para leer novelas de Javier Marías o Michael Houllebecq -o “Crepúsculo 17: zombis vs. vampiros”, qué se yo.

Pero estaríamos equivocados porque los libros no se van a ningún lado. Es cierto que la forma de leer ha variado con la tecnología pero el valor de un libro sigue latente.

Lo comprobé hace días cuando, movido por un reportaje publicado en la prensa, visité la famosa librería “Maggs Bros.” en su nuevo local en la calle Curzon en la capital inglesa.

Más que una librería en realidad es un anticuario de libros con artículos adicionales realmente sorprendentes. Entre ellos, innumerables cartas de escritores famosos y hasta el mismísimo pene disecado del Emperador Napoleón en un cajita de madera.

Pero olvidémonos de ese lamentable y “doloroso” suceso imperial y centrémonos en lo interesante. Esa librería, que desde afuera se ve pequeña y que solo vende libros usados, ha llegado a ganar hasta 18 millones de dólares al año.

El negocio es boyante y los compradores vienen de todas partes. Lo fundó en 1853 Uriah Maggs y desde ahí lo han administrado sus descendientes hasta convertirlo en el anticuario de libros manejado por una misma familia más antiguo del mundo.

Y uno de los más extraordinarios, claro está. Se encuentran desde ediciones del Quijote con preciosas ilustraciones en plumilla de 1780 hasta decretos reales firmados por los Reyes Católicos en 1488 para la protección de marinos mercantes.

Y a diferencia de un museo, aquí cada cosa tiene precio y puede ser adquirida. Un verdadero parque de diversiones para coleccionistas y amantes de los libros.

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