Informe a la Nación / Esteban Torres Cobo

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El Informe a la Nación del presidente Lenín Moreno dejó un buen sabor entre los que le escucharon. En efecto, el estilo de informar y de tratar este importante evento político cambió frente al de su sucesor. Ya no se vivió esa vergonzosa costumbre de Correa de permitir que sus ministros y vicepresidente interviniesen y que, entre repetición y repetición de lugares vacíos, no dijeran absolutamente nada.

El de hoy fue un informe concreto, sucinto y suficiente. Hablar durante muchas horas leyendo el teleprónter no es virtud de estadistas serios sino de charlatanes con parlante. El de la presidenta de la Asamblea Nacional también fue corto y preciso.

Otro aspecto positivo fue el enfoque del discurso. Correa utilizaba siempre este informe para marcar las grandes líneas de su gobierno, pero sin dejar los ataques bajos e innecesarios a quien le ordenase el hígado.

Siempre sentía la obligación, además, de plegar a la izquierda y rememorar un sitial histórico de progresista que, como ya sabemos, poco se practicaba. Lenín, en cambio, demostró su pragmatismo y no entró en las típicas discusiones ideológicas y en las estériles diatribas históricas. Ya nos hacía falta algo medio sensato luego de tanto tiempo de lo mismo.

Lo mejor fue sin duda el mensaje económico y las propuestas que se plasman en el proyecto de Ley que entregó a la Asamblea para su tratamiento. Se ve que hay un especial deseo de reactivar completamente la economía en el año que se viene. Ya pasó el temporal político y se pueden dar los grandes pasos que necesita el Ecuador. Todo lo que sea para el beneficio de los ecuatorianos tiene que ser apoyado.

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